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Guillém López e Ismael Biurrun, maestros del fantástico español: «‘Chernobyl’ es horror cósmico, pero Lovecraft no daría esperanza»

Guillém López e Ismael Biurrun, maestros del fantástico español: "'Chernobyl' es horror cósmico, pero Lovecraft no daría esperanza"

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El uno habla a ráfagas y silencio. El otro, es más como el curso de un río, constante en sus saltos y remansos. Y entre los dos suman todos los premios que se pueden ganar en la literatura fantástica en castellano: el Kelvin, el Ignotus y el Celsius. Guillem López (el perfil negro grafito de la izquierda), Ismael Martínez Biurrun (la silueta sombría de la derecha) son dos de los autores más celebrados de la última década de las letras españolas que no temen, como decía Le Guin, ser «realistas de una realidad más amplia».

Por primera vez, este 2019 los ha reunido en la misma colección literaria: Runas, de Alianza Editorial, que ha publicado sus novelas breves ‘Lago negro de tus ojos’ (López) y ‘Sigilo’ (Biurrun). Una de horror cósmico y otra de fantasmas; en apariencia. Dos sobre el miedo al abismo, la precariedad y el destino; o la falta de.

Runas Portadas de las novelas ‘Lago negro de tus ojos’ (Guillem López, Runas, 2019) y ‘Sigilo’ (Ismael Martínez Biurrun, Runas, 2019).

Con ellos nos hemos reunido en dos ocasiones y en dos marcos muy relevantes. La primera vez, sentados; en la Feria del Libro de Madrid, para mantener la conversación que sigue debajo. La segunda vez, en pie; en el hotel NH de Avilés, en pleno Celsius, para que Eva Pernas retratara el ser bicéfalo que abre esta doble entrevista, tertulia, con dos maestros del fantástico.

A lo que sigue, lector, le tienes que aplicar las siguientes lentes: los tres somos compañeros de letras. Nos llevamos viendo las caras muchos años; de mesa redonda en mesa redonda; de bar en bar. Que la cosa fluya así no es un milagro; hay trampa. Pero es una trampa amable que podríamos llamar amistad. Pero no hay que confundirse. Nos sentamos para hablar del miedo. Del de verdad. Del que sentimos los padres y los hijos. De la nada que enturbia el alma para siempre. Y del transmedia, la industria literaria en España, ‘Chernobyl’ y mucho más.

Vamos a hablar de miedo. Miedo real. Pero no viendo una peli. Miedo que hayáis sentido de verdad, en una situación real.

Guillem López. Esta más para Ismael, que él ha sido más constante… Es como cuando me presentan como escritor de ciencia ficción. Siempre digo que no lo soy…

Pero a ver, tú también tienes terror.

GL. Sí, sí, sí, sí.

Esta última [‘Lago negro de tus ojos] Y hasta en ‘Challenger’ lo hay.

GL. Sí. Pero Isma es más constante en esto.

Ismael Martínez Biurrun. Estaba paseándome por las librerías, patéticamente, como se hace, para ver dónde estaba colocado mi libro. Y sí, claramente, terror. Estoy muy claramente etiquetado como terror. Los libreros no lo dudan…

GL. Pero es que a ver, yo creo que dentro de tu trayectoria…

IMB. Sí, sí. Es correcto. Me parece bien [sonríe]. Yo pensaba en engañarles un poco con el lado thriller, a ver si llegaba a la mesa de novedades thriller. Pero nada, tío; no ha colado.

[risas].

GL. Es que para entrar en el thriller

IMB. Tienes que meter… En cuanto metes algo fantasmagórico, ya…

GL. Es una decisión editorial, más que una decisión propia.

IMB. También es que estamos en Runas, que es… género. Yo no puedo ir al editor y decir: véndemelo como un thriller.

GL. Pero es que tú no tienes que tomar esa decisión. Eso es una decisión del editor. Va con su trabajo.

IMB. Pero en Runas tampoco pueden tomarla, porque es Runas. Creo yo…

Bueno, volvamos a la pregunta [risas]. Miedo. Miedo real.

IMB. ¿De nuestra vida personal y particular?

Sí.

IMB. Mira, esta noche he vivido un momento de terror [enfatiza] real. Muy relacionado además con la feria del libro. Me he despertado a las cuatro de la madrugada, oyendo un ruidito [imita el crujido], y me he quedado, hostiá… Como sea un bicho, va a ser un bicho así [separa ambos índices en un tamaño escalofriante], no voy a encender la luz porque me va a dar un infarto. Pero claro, seguía el ruido [vuelve a imitar el crujido].

Despierto a Isabel [su mujer, la autora Isabel González: ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma, 2012]. «Oye, qué es eso». «¿Qué?». Enciendo la luz y justo al encenderla, la estantería que tenemos al lado de la cama se desploma. Se habían aflojado los tornillos. No se nos vino encima porque hay como un metro de distancia. Pero todos los libros de terror, de ciencia ficción…

Xataka y GL. [risas]

IMB. Casi muero por mi propio género, literalmente.

Es maravilloso. ¡Justo antes de la feria del libro!

IMB. Y luego nos ha costado un montón dormir, porque el miedo es una sensación muy física; hemos estado como una hora con el corazón pupun-pupun-pupun del puñetero sobresalto de que se te viene encima la casa. Esa es la parte de humor… No de humor, de miedo físico. Luego habría que hablar de miedo metafísico, como dice David Roas, que es otro tipo de rollo.

Luego hablamos del metafísico.

GL. El mío, es un poco parecido al de Ismael, porque también pasó durante el sueño. Y eso sería para analizarlo, ¿por qué los momentos de terror, de terror terror…

IMB. Por la noche.

GL. ¡No! ¡No por la noche! Con el sueño, ¿sabes? Porque a lo mejor por ahí encuentras cosas muy básicas, muy primitivas de tu personalidad. Pero bueno, el último momento de terror absoluto, y el peor de mi vida… Y eso que he tenido momentos de terror muy chungos… Tú [al entrevistador] lo comprenderás mejor. Bueno, tú también [a Biurrun], que también eres padre.

La cosa es que hace unos años tuve un sueño en el que mi hijo (tenía un año) estaba delante de mí. Yo lo único que hacía era gritarle: ¡Amagat, amagat! que es escóndete. Lo único que hacía en el sueño era gritarle, aterrorizado. Y me desperté y ya no pude volver a dormir, tío.

¿Y lo fuiste a ver?

GL. Él estaba durmiendo, en su habitación. En su cuna, en aquel momento.

O sea, que sí que fuiste.

GL. ¡Sí, sí, claro! Pero hostiá, fue horroroso. La sensación… Yo le decía a él que se escondiera, ¿sabes?

«Hace unos años tuve un sueño en el que mi hijo (tenía un año) estaba delante de mí. Yo lo único que hacía era gritarle: ¡Amagat, amagat! que es escóndete. Lo único que hacía en el sueño era gritarle, aterrorizado. Y me desperté y ya no pude volver a dormir.»

IMB. Qué bueno.

GL. A ver, hay una diferencia con el tuyo. Bueno, no sé cómo lo relacionarías tú, pero a lo mejor el mío es más social.

IMB. La verdad, ahora que lo dices…

Hay una escena en la novela así [en ‘Lago negro de tus ojos’, de Guillem].

GL. ¿Sí? A ver, hay una en ‘Arañas de Marte’…

Pero también en esta. Hay una escena en la que el prota les dice algo también a la madre y a la hija mientras duermen.

GL. ¡Ah, es verdad! Es que yo proyecto Bernat ahí… Muchas cosas, no solo mías, sino también del papel de padre.

IMB. Es que el miedo de que le pase algo a tu hijo es el mayor miedo, sin duda.

Ese es el horror cósmico.

IMB. Ese es el horror cósmico.

GL. Pero es que en realidad, cuando eres padre, y de eso es lo que hablé en ‘Arañas de Marte’… Es cuando te das cuenta, por lo menos es lo que pienso yo, de que la existencia es caótica e incontrolable. No tienes ningún control. Eso es el horror cósmico. Es cuando te asomas al abismo y dices, yo no tengo ningún control sobre esto.

IMB. Exactamente. Estoy de acuerdo.

GL. Puede pasar lo que pase. Pero ya no te afecta a ti; ya no tienes veinte años; le puede pasar a otra persona [a tu hijo].

IMB. Eso es más difícil de asumir.

GL. Emocionalmente te llega de otra manera, ¿sabes?

IMB. Claro, es que yo te he contado esto porque es lo que me ha pasado la última noche. Pero el momento realmente más terrible de mi vida me pasó otra noche… ¡Las cosas chungas me están pasando por la noche!

Sucedió hace unos años cuando mi hijo, mi hijo pequeño, tuvo un ataque de epilepsia. Y es lo que dice Guillem; es una cosa que surge de la nada; no estás preparado; no sabes qué está pasando; puede implicar la muerte de tu hijo; crees que se te está muriendo, en tus brazos; no puedes hacer nada, más que intentar darle bien a los botones cuando llamas al 112. Y… Estás totalmente entregado. Entregado a los dioses, al destino, a la enfermedad que sea… Esa especie de rendición absoluta es como un vértigo, ¿no? Es como un…

Ismael Portada de ‘Mujer abrazada a un cuervo’ (Salto de Página, 2010).

GL. De conciencia, de catarsis. En un momento así, es cuando realmente tienes una catarsis en la que te das cuenta, que supongo que es algo muy Lovecraft, de que estás ante el abismo del caos. De que la existencia es caos. Y que tú no tienes ningún control sobre ella. Eso es el origen del horror cósmico; y ahí ya podríamos entrar en que [este horror] va a parar en lo que es la parálisis cósmica. Que es el momento en que te quedas completamente paralizado ante ese abismo; de terror; de horror absoluto.

IMB. En los momentos de horror absoluto pueden pasar dos cosas: la parálisis y la sensación de verte desde fuera del cuerpo, que yo también la he vivido.

¿Cuándo tuviste esa [experiencia extracorpórea]? Cuando…

IMB. Sí. Es que tuvo que ver con los dos ataques que tuvo. Tuvo uno aquella noche y tuvo otro en el coche, de viaje. Paramos en el arcén de la autopista; pasaban los camiones; estaba completamente fuera de mí. Yo intentaba poner el triángulo; pero se me rompió (aunque tenía otro triángulo, no sé por qué). Y pasaban los camiones pitando, a mi lado… Yo me veía como si fuera un personaje; me daba igual si me llevaba por delante un camión; no me preocupaba en absoluto. Es casi como vivir una escena en piloto automático desde fuera. Ni siquiera estás lo suficientemente cerca [de ti mismo] como para tener la sensación de horrorizarte.

Para mí es como un piloto automático: bueno, vamos a ver, tal, pongo el triángulo… Pero estás en estado de shock; el shock consiste en eso: una especie de frialdad o de incapacidad de emoción porque estás viéndote desde fuera y también porque te puedes quedar paralizado; aunque eso no me ha pasado.

«La existencia es caos. Y tú no tienes ningún control sobre ella. Eso es el origen del horror cósmico; y va a parar a lo que es la parálisis cósmica. El momento en que te quedas completamente paralizado ante ese abismo; de terror; de horror absoluto.»

¿A ti te ha pasado [a Guillem]? ¿Quedarte paralizado?

GL. Hombre, a mi personalmente, no, porque tampoco he vivido…

No, no… [risas]. Sí que me ha pasado.

IMB. [risas] Al final…

GL. Sí que me ha pasado… Pero… No sabría cómo interpretarlo, realmente, ¿sabes? A nivel personal. Claro, cuanto más mayor te haces, más experiencias tienes, también. Es evidente. Yo ya tengo una edad; he vivido unas cuántas cosas. Pero todo es un poco relativo, ¿sabes?

Cuando llegan esas cosas es cuando te das cuenta… Tomas perspectiva; lo ves todo desde fuera, como decía Ismael. A lo mejor tomas perspectiva sobre determinadas cosas de la vida y empiezas a tomarte las cosas de otra manera.

No sé… Respecto al horror cósmico y tal, cuando te das cuenta de que la existencia (y esto ha cambiado desde hace cinco años, que nació mi hijo) es caos y es evanescente y que todo puede cambiar en un momento y que hay pruebas de ello cada día, en las noticias, ¿sabes? Lo que me ha reafirmado mucho es en mi posición de que lo que vivimos es una ficción. Que a todo le damos un aire de mi ficción, de normalidad.

Es algo que he intentado tratar siempre en mis libros. Por ejemplo, Bernat en ‘Lago negro…’ especula bastante con esto.

Retrata la realidad como un cómic. ¡Todo el rato!

GL. Sí. Su papel como narrador no fiable, su monólogo final, va todo un poco en ese sentido porque es algo que yo quiero tocar. La existencia es caos, por lo tanto, si la existencia es caos, toda nuestra sensación de orden, nuestra cotidianidad es ficción.

Para mí, es una evolución de cómo empecé influenciado por Philip K. Dick; ahora estoy en ese momento y… es un poco desalentador. Pero, joder, es el punto en el que estoy, tío. De que la vida es una pura ficción, tío.

Os habéis atrevido a contarle algo de todo esto a vuestros hijos. Bueno, en tu caso [a Guillem], aún es un poco pequeño… Pero los tuyos, Ismael, no lo son tanto [tan pequeños]. ¿Habéis hablado con vuestros hijos del vacío, del horror cósmico, de lo imprevisible?

GL. [Con énfasis] Nunca. Nunca le voy a decir eso a mi hijo. Ya se dará cuenta él.

IMB. Sobre eso no, pero tenemos frecuentes charlas sobre la predestinación. No sé por qué, pero mis hijos están últimamente bastante obsesionados con este tema, sobre si somos realmente libres, si todo lo que hacemos viene predeterminado por nuestros genes, por dónde nacemos…

GL. Libre albedrío, ¿no?

IMB. Claro, libre albedrío.

GL. Qué guapo. Porque ellos estarán descubriendo también ahora… Está muy guay eso, ¿eh?

IMB. Claro; son adolescentes; están en una fase en la que se pueden autoexculpar por todo lo que hacen mal. Al mismo tiempo, la idea de ser libre es atractiva.

GL. Están a punto de llegar al momento de matarte, ¿eh?

[risas].

IMB. Ya me queda poco [sonríe]. Pero es un tema interesante el del destino… De hecho, en el libro este, ‘Sigilo’, hablo [enfatiza] bastante sobre el destino. La idea de que, por un lado, estamos condenados a… O sea, nuestra personalidad condiciona nuestras decisiones y nuestras decisiones, nuestra personalidad; es como un círculo vicioso del que parece imposible salir, pero…

Hay una idea que tomo un poco prestada de Aleister Crowley: cuando él compara la magia con la voluntad. Como que el acto de extrema voluntad es un acto mágico. O como si la única forma de romper nuestro destino, nuestra mala suerte, digamos, fuera un acto de voluntad verdadera. Pero claro, lo complicado es saber cuál es tu verdadera voluntad. Quién eres en el fondo.

Ese es el personaje de Andrés.

IMB. Los dos hijos, en esta novela, están un poco en saber quiénes son. En saber qué quieren realmente; no desde un punto de vista egoísta; quién soy yo y cuál es el propósito de mi vida, ¿no? Y en el momento en el que descubres quién eres tú es cuando puedes hacer un acto de voluntad puro que cambia tu destino. Y la novela trata un poco sobre esto.

Aunque bueno, esto son cosas que las piensas después. Realmente al escribirla, yo prefiero no pensar demasiado..

GL. Pero es un tropo bastante de tus libros, ¿no? La genealogía…

«Hay una idea que tomo de Aleister Crowley: cuando él compara la magia con la voluntad. Como que el acto de extrema voluntad es un acto mágico. O como si la única forma de romper nuestro destino, nuestra mala suerte, fuera un acto de voluntad verdadera».

IMB. Sí, sí, sí. Me doy cuenta de que sí. Pero eso es muy gótico también. Los pecados de los padres que son heredados por los hijos.

GL. Bueno, eso es ‘Sigilo’.

IMB. Eso es ‘Sigilo’. Y es muy gótico también.

GL. Se repite mucho en tus libros, eh.

IMB. Soy reincidente, sí. Va actualizándose, pero en el fondo es un tropo que se repite; y clasiquísimo.

Y que realmente, en tu obsesión, igual que en la de Guillem está la parte traumática de ser padre, tú empezaste a hacer literatura antes de tener hijos, ¿no?

GL. Oye, que yo también hice literatura antes de tener hijos [risas].

[risas]. Sí, pero las últimas obras [de Guillem] han venido muy condicionadas por eso.

GL. Bueno, eso sí. Claro, claro.

‘Arañas de Marte’, ‘Lago negro de tus ojos’… Pero en el caso de ‘Rojo Alma, Negro Sombra’, Ismael ya trataba…

IMB. Pero ya tenía hijos, eh.

¿Sí?

IMB. Sí, sí, sí… Todo lo bueno que he hecho ha sido ya con hijos.

Xataka y GL. [Risas]

IMB. Es la verdad. Y no creo que sea una casualidad del todo. Ves la vida de otra manera.

GL. Es un punto de inflexión importante, ¿eh?

IMB. Es como si de pronto vieras un precipicio que antes no veías.

GL. Yo siempre he sido muy temerario, con respecto hacia mí [se refiere, a su propia seguridad]. Creo que esto ya lo hablamos tú y yo en Avilés.

Sí.

GL. Pero en el momento que tienes un hijo, al menos yo…

Te paras un poco.

GL. ¡No es que te paras! Al menos yo… Yo… No te paras tú. Es que… Hay algo que le puede pasar a otra persona que está totalmente fuera de tu control. Es lo que decía Ismael, ese precipicio, ¿no? Que de repente nunca te habías caído y está ahí para otras personas.

Y es mucho más agobiante.

GL. ¡Claro! ¡Es muchísimo más agobiante!

Valdemar Portadas del tríptico de novelas cortas ‘Invasiones’ (Ismael Martínez Biurrun, Valdemar, 2017) y ‘Arañas de Marte’ (Guillem López, Valdemar, 2017).

IMB. Y también cuando vas cumpliendo años, como decía Guillem, te das cuenta de que efectivamente la gente se muere; la gente de tu alrededor se va muriendo. La muerte existe. Y en el fondo, creo que la literatura de terror es justo eso, una negociación con la muerte. Es conceptual; no quiero decir que haya una creencia que realmente te permita negociar. Una negociación simbólica con la muerte; en la que, evidentemente, la muerte siempre va a ganar. Pero… A cambio… Yo te entrego mi miedo, mi vértigo, tú [la muerte] me das un poco de esperanza… O, al menos, paz de conciencia, que al final, el relato de fantasmas es lo que busca no: paz de conciencia. Se trata de que ha sucedido algo horrible, alguien ha muerto, una pérdida, y tú tienes que superarlo; eso lo vas gestionando con tus fantasmas… Y acaba bien o acaba mal. Porque claro, no siempre acaba bien.

Vamos a hacer ahora un poco un salto sin red, pero relacionado con todo lo que hemos hablado del abismo, el precipicio, el caos… Antes de que hablemos de ‘Chernobyl’, que hay que hablar de ‘Chernobyl’… La precariedad, que creo que es un tema muy presente en ambas novelas.

GL. ¿La precariedad de qué?

La precariedad en general. La sensación de que el hielo es fino, de que la gente está desesperada, dispuesta a hacer casi cualquier cosa, y que ya no se persiguen los sueños; ninguno de vuestros personajes lo hacen. En el caso de Bernat y de Clara, la vida los atropella y no han podido ser quienes hubieran querido ser. Y en el caso de tus hermanos son desgraciados, directamente, por no haber asumido ese control, ese acto mágico, que te permita hacer lo que realmente quieres hacer. Y creo que eso está muy relacionado con la situación de precariedad que vivimos. O sea, que tenemos una vida, en general, los que estamos entre los treinta y los cuarenta, tan tranquila como la generación anterior; tranquila entre comillas, porque la vida, como hemos hablado, es caos. Pero había al menos unos rieles…

GL. ¡Pero tranquila, tranquila! O sea… ¡Yo quiero ficción! Es como la escena de Matrix del tío que se come el filete [esta, de Cifra y el Agente Smith]. Creo que su frase es: «La ignorancia es felicidad».

La dice exactamente así.

GL. Sí, ¿no? Se está comiendo el filete y sabe que es mentira, pero da igual. Yo ojalá pudiera tener esa ignorancia; pero cuando llegas al punto en el que llegas a concebir la vida como algo azaroso, finito, ahí es donde llegas a un punto angustioso que yo, personalmente, hace que mi obra derive hacia el terror. No sé por qué; deriva hacia ahí.

¿Y hay alguna relación, para los dos, entre esto que comentamos y ver que para la gente, en general, el presente es inestable? Que la vida está ahí, en la finísima capa de hielo, porque los hilos económicos son cada vez más sutiles.

«Creo que la literatura de terror es una negociación con la muerte. Una negociación simbólica con la muerte; en la que, evidentemente, la muerte siempre va a ganar.»

IMB. Hombre, en ‘Sigilo’ se aborda directamente la precariedad. Es una obviedad, pero vivimos en una sociedad que asimila el éxito con el éxito económico. Uno se considera un fracasado si vive precariamente, o si no tiene un trabajo muy remunerado.

Y eso es la mayoría, ahora.

IMB. Y eso es la mayoría, ahora, exactamente. Y uno se tiene que buscar la sensación de éxito en otra parte.

GL. Claro.

IMB. Los personajes de mi novela… Uno de ellos intenta hacer una extorsión que en el fondo es un acto de venganza hacia el tipo…

Hacia el tipo que representa aquello [el éxito convencional; la pasta].

IMB. Exacto. Una venganza por su malestar económico, y algo más, por su malestar vital. ¡Y le sale mal! Porque el débil no tiene nada que hacer. Me cuesta mucho ponerme épico en ese sentido. La historia de Rocky Balboa, que me gusta muchísimo, pero me cuesta muchísimo creérmela. Alguien que sale de abajo y derrota a los poderosos… ¡Ostras! Para mí eso sí es fantástico.

GL. Pero eso igual es por la imagen del triunfo, ¿sabes? Porque tus personajes en ‘Sigilo’ son perdedores, pero son perdedores muy reales. Son reales. A mí me recordaban a mi familia; mi padre tuvo una empresa de construcción, ¿sabes? Pasó por la crisis del 92. Luego tuvimos que sufrir a principios de siglo [XXI]. Y luego en 2008, se cargó la empresa, con la burbuja y todo aquello.

Realmente los personajes de ‘Sigilo’ son perdedores; pero son gente normal. Es una historia cotidiana; son tus vecinos. Lo que pasa es que toman las decisiones equivocadas. Que es lo único que pasa con la gente hoy en día; se toman [enfático] decisiones equivocadas.

IMB. Que acaban hundiéndolos todavía más.

GL. Claro. Es como lo que hice yo en ‘La polilla’ [‘La polilla en la casa del humo’ (Aristas Martínez, 2016)], con un personaje que solo quiere medrar, que es en realidad lo que hace Andrés en tu novela: quiere salir, pero tomas decisiones equivocadas, que te acaban hundiendo.

Desde mi punto de vista, el personaje de ‘Lago negro…’ también está en esa situación. La precariedad, la desconexión con su vida, con su mujer, con su hijo, que su vida está encerrada entre viñetas [literalmente; Bernat, el protagonista de la novela, describe su vida como un tebeo]. Es un personaje, para mí, muy incógnita. Creo que de todas tus novelas es el que más se parece a ti.

GL. [risas] ¡Qué va! No nos parecemos nada.

No digo psicológica o físicamente. Quiero decir que las expresiones, sus pensamientos, me recuerdan a tus ideas…

GL. Uff… No lo sé, no lo sé, ¿eh? Yo estoy muy en desacuerdo con Bernat. Bernat es mala persona, ¿sabes?

«La historia de Rocky Balboa me gusta muchísimo, pero me cuesta muchísimo creérmela. Alguien que sale de abajo y derrota a los poderosos… ¡Ostras! Para mí eso sí es fantástico».

[risas].

GL. Es muy cabrón. Así que estamos en polos opuestos. Sí que hay cosas en las que uso su discurso para hablar yo y para decir cosas que realmente… Para plantear ideas.

Me refiero precisamente a la parte de reflexiones. Porque es un tío que se pasa la novela pensando; más que Veintiuno, incluso.

GL. Sí.

Es un tío que está ahí, pensando sobre la vida y habla mucho de la distancia.

GL. Veintiuno reflexionaba más, yo creo. Bernat, y todos los personajes que viven en El Clot… La pareja de Bernat, el único personaje bueno de la novela.

Sí. Y el único que tiene los pies en el suelo.

GL. Sí. Una madre trabajadora, parada de larga duración, esclava de su casa por circunstancias, pero el resto de personajes que viven en El Clot —salvo Clara, que viene de fuera (a morir allí)— intentaba que fueran muy básicos y muy sencillos, como insectos. Muy lineales

Deshumanizados.

GL. Claro. Muy vacíos.

¿Y eso era porque estaban habitados por el horror cósmico, incluso antes de que apareciera la laguna? ¿Eran ya parte de ese horror?

GL. No sé. Yo creo que es porque están enfrentados a la realidad que les ha pasado. En ese sentido, sí estarían enfrentados a ese horror cósmico. En su pueblo, que es insignificante (vamos, El Clot no es ni un pueblo; es una pedanía), se convierte en el lugar en el que ha parecido la laguna más grande del mundo; se convierte todo en un gran boom, ¿vale? Ellos se enfrentan a una realidad, una realidad superior, que es la existencia de las lagunas [portales a otra dimensión]. Pero es que la más grande está en su pueblo. Y eso les transforma a ellos.

Intentaba mantener un doble mensaje. Por un lado, el mensaje de este horror cósmico y la realidad de este nuevo turismo que llega a El Clot. Cómo cambia la vida del pueblo. Cómo un suceso cósmico puede afectar a la vida cotidiana de las personas normales; gente de pueblo. Cómo pasan a vivir del turismo… En ese sentido, ‘Lago negro…’ es mi novela más simbólica; tiene muchas capas de lectura y va un poco por ahí.

Isma Portada de la novela de Ismael Martínez Biurrun ‘El escondite de Grisha’ (Salto de Página, 2011).

IMB. A mí hay una cosa que me gusta mucho de Bernat y de cómo está hecha la novela. La manera en la que él se enfrenta, con el filtro del cómic, a todo esto, ¿no?

Es como poner una cámara entre el fotógrafo y el cadáver. Te distancias.

IMB. Al mismo tiempo, él se protege, ¿no? Mientras lo pueda dibujar, estoy en mi zona de confort. Lo que pasa es que al final se le desmadra y su zona de confort acaba siendo un infierno. Pero él intenta mantener esa distancia.

GL. Porque la distancia es… cordura.

IMB. Correcto.

GL. La distancia es… Mientras puedas mantener la distancia, te mantienes cuerdo. De hecho, la gente que mantiene menos distancia [con la laguna], son los primeros que se vuelven locos. Y eso tiene mucho que ver con el horror cósmico.

Cuanto más te acercas al abismo, menos…

GL. Claro, claro. El tema de ser consciente, pero tener la parálisis y no poder comunicarlo, es un tropo de Lovecraft. O bien están paralizados por el horror y no pueden comunicarlo, o bien…

IMB. ¿Se vuelven locos?

GL. Se vuelven locos. O no lo comprenden, y entonces pueden comunicarlo. Es cuando empiezan sus personajes con: «Esto no ocurrió…» «Esto todo es falso…» Que es lo que dice también Bernat en ‘Lago negro…’, cuando dice: «Nos hicieron aspirar un humo», «Por esto tuve estas visiones», esto no sé si realmente ocurrió. Es un mecanismo de toma de distancia respecto a la realidad.

¿Y cuando decidiste que Bernat se iba a expresar y pensar en cómic? Porque me parece muy interesante que sea un cómic y no otro medio; a fin de cuentas, el cómic es como un panal que encierra las imágenes y que las aísla del espacio y del tiempo; algo que está super relacionado con la laguna. Ya sé que casi todas estas cosas que hacemos son subconscientes, y cobran sentido luego por si solas… Pero por saber cuándo fue. Porque además, hay un trabajo técnico tremendo en cómo se escribe un guion de cómic. Alguien podría ilustrarlo perfectamente.

GL. Realmente, hice un guion de cómic. Las notas, eran bastante guion de cómic; que ya había hecho algunos; en plan: página 1, nueve viñetas… Eso está en las notas.

Challenger Portada de la nueva edición de ‘Challenger’ (Aristas Martínez, 2019′), la obra más célebre de Guillem López.

Pero está bien hecho. Hay mucha gente, cuando prueba a hacer guion de cómic, que se nota el ser novato porque no son capaces de concebir bien el espacio real de una página y o se pasan o se quedan cortos de viñetas o sencillamente no saben cómo componerlas. Pero aquí no… Aquí, cuadra. Pero vamos, volviendo a la pregunta. ¿Por qué cómic? ¿Hay alguna razón o fue un pálpito?

GL. Fue porque… El plan mío es intentar hacer algo en el que la estructura me plantee un rollo narrativo interesante. Sabía que iba a ser algo epistolar, porque el personaje está yendo a terapia. Entonces me dije, vale, como va a haber una parálisis cósmica ante un horror que es inexpresable, como no puede expresarlo, pues lo expresa con imágenes, porque es dibujante. Va a hacer un cómic.

Así que fue por su terapeuta; como todo terapeuta, le dice: ¿Cómo podemos expresar tus miedos? ¿Cómo podemos llegar al motivo por el que tú estás aquí?

El test de Rorschach es precisamente ponerte delante imágenes abstractas para que saques de dentro.

GL. Básicamente el terapeuta te dice: «¿Tú por qué estás aquí? Porque si estás aquí, es por algo», ¿vale? «Estoy aquí porque tengo un problema». «¿Qué problema tienes?». «No puedo expresarlo [en palabras]». «Vale, pues exprésalo como puedas». Entonces el tío hace un compendio de los dibujos, y lo que hace de cara al lector [el punto de vista] es narrar los contenidos de esa libreta.

Lo probé y me dije: «¿Se puede hacer?». «Se puede hacer». «¿Queda bien?». «Queda bien». Y además me permite llegar a la resolución a la que llegué al final con esas páginas tan rotas y tal, que era algo que me apetecía hacer y que me venía bien para expresar la locura y llegar al final de una novela corta; porque yo estaba haciendo una novela corta, desde el principio. Elegí el canal, realmente, desde el principio.

Hablando de estructura, creo que nos quedan como tres, antes de llegar a ‘Chernobyl’, para cerrar. Ahora quiero que toquemos lo sobrenatural y luego lo realista. Desde el punto de vista de estas obras [‘Sigilo’ y ‘Lago negro de tus ojos’] y de vuestra obra en general. ¿Lo sobrenatural es solo metáfora o es algo más?

GL. ¡Vaya pregunta! [risas] Aquí podemos hacer un taller sobre esto, ¿sabes?

[Risas] Pero es muy intersante.

GL. Hombre, y tanto que es interesante. Ismael y yo podemos estarnos con esto un fin de semana, ¿eh?

IMB. Yo parto de que por supuesto que es metáfora, pero lo que me interesa es cuál es la relación entre lo sobrenatural y lo real. Porque a los géneros se les acusa de evasión… Y a ver, la evasión está muy chula también, pero yo no creo que los géneros tengan que ser de evasión: quizás el que menos el de terror.

GL. Es que para nada, para nada. En absoluto. Ahí tenemos otro melón…

Guillem Portada de la novela de Guillem López ‘El último sueño’ (Minotauro, 2018).

IMB. Ahí tenemos un melón gigantesco. Los dos géneros que me interesan son el fantástico como el género madre, y dentro de eso el terror. El fantástico para mí se parece mucho a la experiencia real de lo que hablábamos antes [los ataques de epilepsia de su hijo menor], el suceso que te coge por sorpresa, que te parte la vida por la mitad, y que hace que te preguntes: «¿Cómo es posible que me esté pasando esto?».

La sensación fantástica… Tú tenías un esquema vital, una cotidianidad, y eso salta por los aires porque hay un diagnóstico, un accidente, conoces a alguien o lo que sea, y cambia totalmente; y hace que comprendas que la vida es imprevisible, que tiene un elemento caótico con el que no contabas. ¿Cómo te enfrentas a ello? Pues eso es precisamente lo que hacen los personajes del fantástico. Pues se enfrentan con terror, heroicidad, desesperación… de mil maneras.

Esto e evidentemente es una representación; se lleva la metáfora hasta lo literal y lo más espectacular, tirando de los elementos que han existido desde siempre en el pensamiento mágico, los seres de luz, los seres oscuros… En fin, todo este mecanismo mental está inventado desde el origen de los tiempos; el género fantástico va poniendo nuevos nombres a esto, actualizando los tropos. Pero en esencia, de lo que va es de cómo te enfrentas a la ruptura de lo que considerabas lo real. Cuando descubres que lo real es otra cosa.

Además, el género de terror tiene un poco la especialización de la muerte, es el género que lidia, como decíamos, con esa negociación con la muerte. Decía Woody Allen: «El sexo y la muerte». Son esas dos cosas de las que no se pueden dudar. Y el género de terror aborda, normalmente, la muerte; lo que pasa es que se puede hacer género de terror muy lúdico también. E incluso hay ese terror que juega en esa frontera entre el terror y el humor, de la risa histérica, ¿no? Cuando te enfrentas a algo que te sobrepasa totalmente, pues también hay esa salida: «Voy a reírme».

Yo reconozco que me quedo en la parte un poco más lúgubre y solemne. Pero, no es que exista «una conexión», es que el género habla de lo real, desde su ángulo; ‘El ángulo del horror’, de Cristina Fernández Cubas.

«El fantástico para mí se parece mucho a la experiencia de un suceso que te coge por sorpresa, que te parte la vida por la mitad, y que hace que te preguntes: ‘¿Cómo es posible que me esté pasando esto?».

Sobrenatural para ti, Guillem.

GL. ¿Sobrenatural? Ufff…. Es que a mí, lo sobrenatural… me suda un poco la polla, la verdad.

IMB y Xataka. [Carcajadas]

Una buena forma de empezar. O de acabar.

GL. Lo digo en el buen sentido, ¿eh? Es que no me… A ver, bien lo sobrenatural, eh. Bien.

[Risas].

GL. A mí los libros de Ismael me gustan mucho. Pero, por ejemplo el enfoque que tuvo en ‘Invasiones’ se me acerca más que el enfoque más sobrenatural que tiene en otros libros suyos. En general su obra me gusta mucho, pero ‘Invasiones’ me gusta especialmente.

¿Por qué? Porque ‘Invasiones’ se centraba en…

IMB. La naturaleza.

GL. ¡Claro! La naturaleza, ¿vale? Y eso por ejemplo me llega a un punto más, me pone más en perspectiva al horror cósmico. Es como lo que te decía; a medida que voy escribiendo me voy acercando más al horror. También porque me voy acercando a la muerte. Es verdad. Cuanto más viejo me hago, más probabilidades tengo de morir.

IMB. Sin duda [risas].

GL. ¿Sabes? ¡Esto se acaba! Por lo tanto, ‘Invasiones’ en ese sentido… ‘Sigilo’ tiene una técnica narrativa mejor; pero, a nivel personal, ‘Invasiones’ me gustó más. Lo que decía Eugene Thucker, el mundo sin nosotros, ¿no? Ese tipo de terror me llega mucho más que otros. El mundo en sí mismo.

IMB. Sí, sí, sí, sí…

GL. Eso me llega mucho más. Porque, en realidad, lo sobrenatural es una proyección nuestra y como yo entiendo que todas nuestras proyecciones son una parodia. Lo sobrenatural, al final… Habiendo leído a Lovecraft y Houllebecq, lo que pensaban sobre el tema, al final lo sobrenatural es una proyección nuestra.

IMB. Sí, sí, totalmente…

GL. De nuestro miedo, ¿vale? Y como yo entiendo que nosotros y nuestras proyecciones son lo paródico, entendiendo lo paródico como una sombra de, me siento más cercano al terror que planteabas tú en ‘Invasiones’, que es el horror del mundo sin nosotros, o el mundo en sí mismo. Que es un punto que me interesa más.

IMB. Lo que pasa es que hay una trampa en el razonamiento, porque el horror cósmico… Entiendo lo que dices totalmente, el horror más basado en la naturaleza, o en una especie de ultranaturaleza, como Lovecraft.

GL. Pero eso no es una proyección de nosotros, viene de fuera.

IMB. Pero al final también es una proyección del autor; siempre es una proyección del autor. Aunque tú hagas horror cósmico y no sobrenatural; el horror fantasmagórico es un tropo que está desencriptado; todos sabemos lo que significa un fantasma. Mientras que el horror cósmico es mucho más ambiguo… Creo que el horror de fantasmas es mucho más fácil de identificar: trata sobre el miedo a la muerte. Mientras que el horror cósmico trata sobre la angustia de vivir, creo.

Biurrun Portada de ‘Rojo Alma, Negro Sombra’, la primera novela por la que Ismael Martínez Biurrun ganó el premio Celsius de la Semana Negra de Gijón a la Mejor Novela Fantástica.

GL. ¡Claro! ¡Pero a mí el horror de fantasmas me parece muy limitado! Muy limitado, con todos mis respetos. Pero también me parece muy limitado, y sé que estamos ya llegando a ‘Chernobyl’, que es lo que quieres [sonríe al entrevistador], comparado al horror exterior. Con el horror que realmente hay ahí fuera; el horror sin nosotros. Elimina al humano de la ecuación y lo que te queda es el horror, realmente.

IMB. A mí me pasa lo contrario que a ti, me parece que ese es un horror demasiado filosófico. Cuando leo los libros de Lovecraft o a Eugene Thucker, tengo un problema con ellos.

Te parecen muy fríos.

IMB. Justo. Me parecen muy fríos. Y sus personajes no son de verdad.

GL. Sí, sí. Estoy de acuerdo.

IMB. Esto lo explica muy bien Houllebecq; Lovecraft huye de lo humano. Todo lo que implica las pasiones humanas, Lovecraft lo esquiva. Entonces, el horror cósmico es perfecto para ello. Pero, al final, yo necesito sumergirme totalmente en lo humano porque el cósmico me parece demasiado especulativo.

Houllebecq Portada del libro de Michel Houllebecq ‘H.P. Lovecraft: Contra el mundo, contra la vida’ (Siruela, 2006).

GL. Claro. Aquí ya entraríamos en el terreno del horror con lo humano o el horror sin lo humano, ¿sabes?

Yo creo que el único que ha podido escribir algo así, horror sin personajes, es Ligotti.

GL. ¡Ligotti, Ligotti! Sí, sí. Ligotti total.

Él sabe cómo hacerlo. Pero eso es dificilísimo.

GL. Ligotti o Grabinski. Ismael en ‘Invasiones’ estuvo cerca [Biurrun pone mueca de amistoso desacuerdo]. ¡No, es verdad! Sobre todo, con la segunda historia.

La piscina, y el agua púrpura.

GL. Es el horror sin lo humano. Sí, están los personajes, pero hay un gran horror, que es Chernóbil, un gran horror invisible bajo tierra que está ahí y que existe.

IMB. Pero bueno, ‘Chernobyl’, la trampa de ‘Chernobyl’ es que el horror cósmico queda doblegado por el sacrifico personal. Hay un personaje, con nombre y apellidos, que tiene un trauma personal, que se suicida en el primer capítulo (sabemos lo que va a pagar) y que nos cuenta…

¡Es que es un personaje de Lovecraft! ¿No lo pensabais al verlo?

IMB. Claro que sí. ‘Chernobyl’ es muy lovecraftiana. Pero bueno, evidentemente, salvando las distancias; aunque es un científico que tiene las de perder, también tiene un componente muy humano que no está en Lovecraft.

GL. No, no, no, no. Es de Lovecraft en el sentido de que los personajes se enfrentan a un ente invisible e invencible, con la capacidad de destruirlo todo, que además es anterior a la existencia de los seres humanos; lo que pasa es que los seres humanos lo han condensado en un lugar. Pero existir, existía ya de antes. ¿vale?

En ese sentido, sí, es lovecraftiana, claro, porque es horror cósmico puro. Y porque es invisible; y siempre está ahí. El plano de fondo de la central con la columna de humo…

El aire que brilla.

«Chernobyl’ es ‘lovecraftiana’ en el sentido de que los personajes se enfrentan a un ente invisible e invencible, con la capacidad de destruirlo todo, que además es anterior a la existencia de los seres humanos; lo que pasa es que los seres humanos lo han condensado en un lugar. Pero existir, existía ya de antes».

Claro, el aire que brilla… Luego, el papel heroico del individuo no es nada Lovecraft. Es completamente contrario a Lovecraft, porque sus personajes…

IMB. Siempre fracasan.

GL. Eso es. Los personajes de Lovecraft van a fracasar; y fracasan dos veces. Fracasan en impedir que esos entes entren en contacto con los humanos y luego van a fracasar en comunicarlo.

IMB. Sí, sí.

GL. No van a poder comunicarlo; es la parálisis cósmica. Porque no puedes explicarlo.

IMB. De hecho, el capítulo que te falta por ver de ‘Chernobyl’ [Guillem ríe, en el momento de la entrevista no había visto el cierre] es explicar el misterio; incluso con maquetas. En ese sentido, es muy poco lovecraftiano. Te definen lo que ha pasado; y al definirlo de alguna forma está desactivado. Aunque sepamos que la contaminación va a seguir durante cientos de años, hay una victoria que en Lovecraft nunca ocurriría.

GL. Claro, porque el punto del horror cósmico es que no hay comprensión posible; es hacer literatura de lo incomprensible. Ahí está el auténtico horror. Hay un libro, no sé si lo habéis leído, de David Peak, ‘El espectáculo del vacío’, que justamente habla de eso. De que el auténtico horror es presenciar algo y no poder comunicarlo. Esto es Lovecraft y es lo que sería ‘Chernobyl’ si no explicas el misterio. El no ver el monstruo, y esto también lo dice Stephen King, siempre es más poderoso que ver el monstruo.

¿No se os hizo curioso que hubiera tantas técnicas narrativas y visuales en una serie hiperrealista sobre acontecimientos reales

IMB. Bueno, creo que en el horror cósmico solo hemos pensado los muy frikis. La gente en general que ha visto y disfrutado la serie…

Pero se está hablando mucho del aspecto terrorífico de ‘Chernobyl’

IMB. Sí, sí, sí.

¿Por qué una serie que es realista utiliza las técnicas del horror? Por ejemplo, cómo visualiza a las víctimas tras las cortinas. ¿Por qué este tratamiento en una serie que podía estar rodada pues… como ‘The Wire’?

GL. Es que al final, ¿qué es el horror cósmico? El papel del individuo frente al abismo, ¿vale? Eso, si lo juntas con el socialismo, en este caso… Pues ahí lo que no cuenta es el yo; es el nosotros. El nosotros que está allí cuenta solo para sacrificarse por todos. Por lo tanto, ¿qué hubiéramos hecho nosotros en un situación así? Tú tienes que morir, para salvar a millones.

Uffff…

GL. Nos está enfrentando al abismo de la decisión. En catástrofes comunes, en todas partes del mundo, y sin ser socialistas, pasa. Hay un momento en que tienes que tomar una decisión: me sacrifico para que otros vivan. Y esto ha pasado en guerras.

En Japón.

GL. Sí. Hay gente que entró en Fukushima sabiendo que iba a morir para salvar miles de vidas. Es un momento que retrata ‘Chernobyl’ y que ha pasado otras muchas veces. Pero en este caso, funciona: «El socialismo es nosotros, no eres tú, no soy yo». Y entonces el espectador se enfrenta a ese dilema también, un dilema muy del horror cósmico: nuestro papel en el conjunto.

IMB. Hombre, es una idea muy Lovecraft que el individuo se funda en la masa; que el individuo no importa nada.

Y de hecho, la muerte que experimentan [los expuestos al accidente], y que es una muerte real, horrenda, va precisamente de diluirse. Hay un momento en que el personaje de Emily Watson, tras un interrogatorio a un superviviente para descubrir qué ha pasado, le dice por teléfono a Jared Harris, con voz descompuesta: «Es que no tenía cara».

GL. Ah, sí, sí, sí. Me acuerdo. En el capítulo 3.

IMB. Y funciona mucho mejor por no enseñarlo.

GL. No. Está de espaldas. Es lo que decíamos, lo de no ver el monstruo. Esto que le leí a Stephen King hace poco, no recuerdo dónde: que no enseñar el monstruo, funciona muy bien; que si lo enseñas, rompes el hechizo.

IMB. De todas maneras, ‘Chernobyl’ no es del todo innovadora porque tira de los escenarios postapocalípticos que están muy de moda. Incluso, si me apuras, tiene un componente zombi en el contagio de los radioactivos. Visitar escenarios desolados… Eso lo hemos visto antes. Solo que ahora, está basado en un hecho real; y esa es la novedad. Esto ya no es una ficción; esto ha pasado de verdad.

Y creéis que ese es el hecho que ha fascinado al mundo con esta serie, que esos momentos ‘The Walking Dead’ están pasando en una ficción en el que se le dice al espectador: «Oiga, esto no es fantasía; esto ocurrió».

GL. Claro. Es que si tú pones un rótulo: «Basado en hechos reales», automáticamente captas la atención del espectador; ya lo saben los Cohen desde ‘Fargo’: «Basado en hechos reales». Esto es la trampa de la ficción. No existe el «basado en hechos reales»; todo es ficción. Lo que cuenta es que el espectador quiere creer. Se dicen: «Hostia, ¿esto ha pasado de verdad? ¿’Chernobyl’ ha pasado de verdad?» Y esto lo que provoca es que ‘Chernobyl’ esté generando una verdad, ¿vale? Por lo tanto la verdad se puede generar a partir de la ficción.

IMB. De hecho la serie acaba siendo una especie de reivindicación de la verdad frente a la mentira.

El tío lo dice, de manera explícita. Y eso es algo clave, porque está relacionado con el auge de los neopopulismos, de Donald Trump, de partidos como Vox, de las fake news.

GL. Es curioso, porque es un tema muy importante hoy en día: ¿Qué es la verdad? ¿Se puede conocer la verdad? Tenemos las fake news. Tenemos también todo ese rollo postmoderno de mi verdad, la verdad individual. pero, ¿se puede conocer la verdad, realmente?

Y esto [‘Chernobyl’] es un posicionamiento de que sí.

«Si tú pones un rótulo: ‘Basado en hechos reales’, automáticamente captas la atención del espectador. Esto es la trampa de la ficción. No existe el ‘basado en hechos reales’; todo es ficción. Lo que cuenta es que el espectador quiere creer.»

GL. No lo sé [pausa reflexiva]… No lo sé, porque nosotros tenemos una óptica cada vez más centrada en nuestro etnocentrismo. Cada vez estamos cerrados. Cada vez conocemos más, pero cada vez entendemos menos. Y esto tienes un montón de literatura africana y asiática que está eclosionando con su propia visión del futuro, del mundo que viene, y nosotros nos estamos quedando atrás. Porque Europa y nuestra visión de Europa y nuestra visión del mundo a través de la visión de Europa es lo que nos está condicionando a ello [a la irrelevancia].

Vamos a acabar con un tema peliagudo. ¿Hasta qué punto condiciona a un escritor la era transmedia lo que escribe y cómo lo escribe? ¿Hasta qué punto condiciona, creativa y económicamente, la posibilidad de acabar siendo semilla de una serie o un videojuego? Me refiero a esto que vamos detectando de que la prosa se va adaptando, en su estilo y técnica, a evocar lo audiovisual. Lo pregunto también porque creo que ambos lucháis contra ello.

GL. Um, ¿Yo luchar contra? No sé…

IMB. Igual suena poco sincero, pero yo nunca he escrito ninguna obra pensando en futuras adaptaciones a ningún otro medio. Nunca. De hecho, paralelamente, he hecho cosas para el audiovisual. Pero en mi obra, el elemento literario siempre ha sido mucho más decisivo, lo que es la pura prosa, el estilo, el disfrute de la escritura, que pensar en la representación visual y narrativa posterior. Nunca me lo he planteado así. También es verdad, que el escenario que vive un escritor español no alienta muchas esperanzas en esa dirección.

GL y Xataka. [risas].

IMB. Sería un poco ingenuo dejarte condicionarte por eso cuando la posibilidad es tan escasa. Pero no, insisto, yo lo hago así porque el tipo de literatura fantástica que me gusta, que me gusta más, es muy literaria y es difícil de adaptar; a menudo no se adapta. Y me tira mucho, me gusta cuando consigo parecerme a ese tipo de literatura que es inadaptable.

Por otro lado, me encantaría participar en proyectos audiovisuales. Pero lo enfoco como dos carreras diferentes.

GL. Pues… No sé, tío… Afectar, afecta muchísimo. A mí por lo menos me afecta mucho. Bueno, de hecho esto tú y yo lo hablamos [en una entrevista en Jot Down].

El futuro de la novela.

Bueno, es que el futuro de la novela… Vaya movida el futuro de la novela.

[Risas] ¿Pero cómo te afecta?

GL. Todas estas nuevas plataformas audiovisuales, Amazon, Netflix, HBO, Apple, afectan mucho y no solo a los creadores. Claro, lo que todo el mundo quiere… Yo no creo que la mayor parte de gente, que la habrá que sí, quiera ganar pasta [en el sentido de: mucha pasta]. Yo creo que lo quieren la gran mayoría de creadores es profesionalizarse. Decir: «Hostia, me voy a dejar de currar en Telepizza para poder dedicarme a escribir. Tanto yo, como un guionista». Entonces, en ese sentido sí te afecta porque sabes que hay un canal de salida que te va a permitir eso.

Ventuno Portada de la versión italiana de ‘La polilla en la casa del humo’, una novela de Guillem López.

Hostia, ojalá a mí me compraran los derechos de una obra; no porque quiera ganar dinero, sino porque me quiero quedar en mi casa escribiendo; por lo menos, dos años. Y ese es el punto importante. ¿Afecta? Claro que afecta. Pero porque todos estamos unidos en este rollo. Todos formamos parte de una sinergia. Igual que afecta la explosión de los videojuegos. ¡Hostia, claro! Hazme un videojuego de un libro. Ojalá te haga yo un guion de un videojuego. Pero por lo mismo, porque, por lo menos desde mi punto de vista, que no aspiro a ganar dinero, sino vivir de lo que me gusta: crear ficciones.

Por lo menos estar en esas ventanas a las que la gente quiere mirar.

GL. Claro. A mí me afecta, tío. No directamente, porque no estoy pensando en venderlo; pero sí… Sí que hay una energía que va y viene. Piensas: ¿Se podría, no se podría? Pero no porque pienses en hacerte millonario, sino porque…

Quieres vivir de lo que creas.

GL. Claro, básicamente ganas dos años para eso, para seguir haciendo el triste.

[Carcajada colectiva].

Fotografía: Eva Pernas

GuillemIsma Las primeras novelas de Guillem López e Ismael Martínez Biurrun: ‘La guerra por el Norte’ (Ajec, 2010) e ‘Infierno nevado’ (Equipo Sirius, 2006).

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La noticia

Guillém López e Ismael Biurrun, maestros del fantástico español: «‘Chernobyl’ es horror cósmico, pero Lovecraft no daría esperanza»

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Ángel Luis Sucasas

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