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Llevo cuatro años vendiendo en Wallapop: esto es lo que he aprendido y así he conseguido recuperar 5.000 euros

Llevo cuatro años vendiendo en Wallapop: esto es lo que he aprendido y así he conseguido recuperar 5.000 euros

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Llevo cuatro años vendiendo en Wallapop: esto es lo que he aprendido y así he conseguido recuperar 5.000 euros

Para intentar comprender el ritmo de vida que llevamos en la actualidad, basta con que compruebes cuántas aplicaciones de streaming manejas. Si eres de los que consume series y películas en HBO, Netflix o Prime Video a la vez, seguramente respondas a un perfil común y contemporáneo de persona consumista. No pretendo añadir ningún contexto peyorativo al apelativo consumista. Simplemente hoy es 2019 y así es cómo vivimos. ¿Lo bueno de esta reproducción audiovisual constante? No ocupa espacio en tu vivienda ni invade tus armarios. Se limita a una relación entre tu cerebro y tú mismo.


De igual manera que ves una serie tras otra, seguramente también te agrada cambiar de smartphone cada dos años, de televisión cada cinco y, ya que estamos, hasta de salón. Pero en lo que Pixar se decide a trazar una película sobre los objetos de decoración, muebles o dispositivos electrónicos que ya no utilizamos, lo que solemos hacer con ellos es guardarlos en algún cajón o armario si caben en ellos y, si por lo contrario no lo hacen, tirarlos al contenedor más cercano.

Una actitud desprendida que choca frontalmente con ciertas personas que prefieren darle una segunda oportunidad a todo, desde un peto de bebé o un piso pasando por los añejos videojuegos de versiones anteriores de la PlayStation 4. Son los usuarios de Wallapop.

“Me he podido sacar entre 100 y 300 euros al mes. E incluso más”

Realizar un cambio en tu mentalidad y sacar el espíritu feriante son dos de las principales premisas con las que deberías arrancar tu carrera en Wallapop. Si hasta ahora optabas por tirar esas camisetas que ya no te vienen y dejar que los discman acumulen polvo en algún estante, reinicia algunos fundamentos de índole casi vital. Porque a TODO se le puede dar una segunda vida gracias a la aplicación de compra-venta de segunda mano más popular.

A Laura le regalaron un teléfono móvil en una de esas ofertas con las que las compañías bombardeaban a sus clientes. No lo necesitaba y lo puso a la venta en Wallapop. Posteriormente, vendió una tele por 180 euros y se compró, también en la app, otro televisor de menor pulgada pero que era el que sí necesitaba. Lo adquirió por el mismo precio por el que vendió el anterior, por lo que logró su objetivo sin haber perdido un céntimo. Era marzo del 2015 y desde entonces ha realizado “transacciones con 301 personas. Recalca el número porque han habido 300 positivas menos una en la que el producto le pareció robado: “Anulé la compra”.

Lawallapop

“Cuando me dijeron que mi segundo hijo iba a ser una niña, empecé a vender todo lo que no iba a necesitar de mi primer hijo. Fue una vorágine en la que estaba obligada a cambiar todo pero no tenía mucho dinero, así que lo hice a través de Wallapop. Por ejemplo, vender una lámpara y comprar otra nueva en la aplicación”.

Cuatro años después de aprender que todo en esta vida merece un segundo uso y que siempre habrá alguien (al menos en Wallapop) dispuesto a adquirirlo, Laura ha vendido desde un coche (“por 6.000 euros en menos de dos días”) a espejos, sofás, mesas, ropa, calzado de niños, cuadros, bikinis, prendas de embarazada y sus beneficios oscilan “entre 100 y 300 euros al mes”. Esta usuaria cambió de mentalidad con todo lo relacionado con lo material. Una serie de lecciones encabezadas por algo tan sencillo como cuidar más las cosas: “Cuando te compras algo no piensas que luego lo vas a vender, pero yo ahora sí lo hago. Con Wallapop recuperas dinero”.

«Desde un coche (“por 6.000 euros en menos de dos días”) a espejos, sofás, mesas, ropa, calzado de niños, cuadros, bikinis o prendas de embarazada»

Como usuaria experta, Laura puede aconsejar a los más novatos cómo moverse por una aplicación que en 2017 ya superaba los 40 millones de registros: “Una buena foto con nada alrededor del producto, buena iluminación y un fondo blanco. Yo tengo un rincón en mi casa que lo utilizo como zona de fotos”. Respecto a los precios, Laura los tasa con un margen de “5 a 10 euros por arriba con la idea preconcebida de que encontrará regateos. “Si es un producto de 50 euros, lo publico a 60. Si es superior a 100 euros, lo pongo a 120. Como un escalado”.

“Wallapop es el rastro del siglo XXI”

Pero más allá de técnicas y estrategias, lo que parece primar más a la hora de afrontar una experiencia positiva en Wallapop radica en mirar cada objeto con mayor profundidad de la que estás acostumbrado. “He aprendido a darle un segundo valor a las cosas que tengo. A reciclar y a reutilizar. A renovarme. Antes gastaba y ahora invierto. Me gasto 300 euros en un mueble nuevo pero en x años lo cambio por otro. Antes lo tiraba y ahora lo cambio por otro y a lo mejor recupero 150 euros. Inviertes en no gastar tanto”.

Monwalla

La misma mentalidad con la que Laura impregna su interacción en la app es la que utiliza Mónica. Registrada desde septiembre del 2017, ahora mismo tiene 256 productos a la venta. Muebles, libros, cuadros, figuras, lámparas, libros de texto… “pero nada de telefonía e informática”, apostilla. Tras más de dos décadas regentando dos tiendas de las que conocemos popularmente como Todo a 100, lo que aún conservaba en el almacén era susceptible de venderlo.

“No me gusta regatear porque vendo artículos de poco precio. Si vendo un lote de 40 perchas por 6 euros, ¿cómo me vas a dar 2 euros por ellas? Me costaría más el desplazamiento al almacén”.

Aunque Mónica es más clara y tajante en sus técnicas de venta (seguramente motivadas por su experiencia en pequeños y medianos comercios), lo que ha aprendido tras sus años en Wallapop emparenta con las lecciones de Laura. Valora el trato con la gente, no engañar y no ser engañada. Y sobre todo, calificar cualquier material como susceptible de tener una segunda vida lejos de su primer dueño. Como dice esta usuaria valenciana, “Wallapop es el rastro del siglo XXI”.

“Una vez que vendes algo y es bueno, la gente ya contacta contigo directamente por Whatsapp”

No todos los usuarios de Wallapop comparten las visiones más artesanales y de andar por casa de Laura y Mónica. Cuando traspasas los límites tecnológicos y tu pasión entronca con dispositivos como smartphones, la aplicación parece entrar en otra dimensión. Es ahí, en ese espectro, donde encuentras perfiles como los de Giovani Alberto, con «más de 500 productos vendidos a lo largo de cuatro años”.

Aunque Giovani también ha vendido otro tipo de objetos («lo típico que tienes en casa como alguna bicicleta y tres o cuatro televisores»), sobre todo se ha movido por el mundo de la telefonía: «Compro mucho, los utilizo un tiempo y luego los vendo. O regalos que dan los bancos”. Su propio perfil en la aplicación ya nos está dictando con qué clase de usuario vas a tratar y cuál es su especialidad.

Giowalla

“Yo tengo una cuenta profesional, pago 40 euros y obtengo más visibilidad. Pero no es que ayude mucho. Vendo más por el nombre que tengo que por el destacado de Wallapop».

Las «más de 500 ventas» de Giovani le han otorgado un status que favorece un salto de la propia app. Si ya lo trataste en el pasado y conservas su teléfono, puedes contactar directamente con él: “Una vez que vendes algo y es bueno, la gente ya contacta contigo directamente por Whatsapp”. Sin embargo, aún es usuario Pro de Wallapop e invierte «10 ó 12 euros en destacar productos». Servicios que no siempre le han servido a tenor de sus palabras: «No recomiendo estas funciones de la aplicación«. Prefiere fijarse en «las corrientes que sigue la gente» e intentar la compra-venta del teléfono de moda.

«Hay momentos para cada móvil. Por ejemplo, en estas dos semanas la gente quiere el XR. Luego hay semanas que puede ser el iPhone X».

“Es como la economía colaborativa”

Carlos se parece más a Mónica o Laura que a Giovani. Empezó en Wallapop en verano del 2015 y desde entonces dice haber vendido unas «140 cosas». Lo que se inició como una manera de «recuperar la inversión» y no tanto con «afán de beneficios», ahora se asemeja más a un ejercicio movido por la inercia. Igual que la gran mayoría tiramos esas viejas camisetas, usuarios como el propio Carlos directamente piensan en la aplicación de compra-venta de segunda mano más popular del país.

Carloswalla

“La gente compra todo, eso es lo que he aprendido. Es como la economía colaborativa».

Los productos más caros que ha vendido, según nos cuenta, fueron una vitrina y un vehículo por el que sacó «unos 3.000 euros». Sin embargo, los objetos del día a día son los que llevan a Carlos a permanecer en Wallapop: “Sobre todo vendo ropa, especialmente deportiva”. Respecto a las estrategias que utiliza, se limitan a aceptar regateos («depende de qué productos y el tiempo que lleve el anuncio») y en pequeños estudios de mercado que realiza en la app: “Pongo precios comparando con otros anuncios de Wallapop y evalúo también si me molesta más o menos en casa”.

Aunque su tipo de perfil no tenga nada que ver con el de Giovani, Carlos también ha decidido probar Wallapop Pro, pero solo durante julio: «Te destacan el perfil y los productos que tienes a la venta. Es una tarifa mensual de 60 euros y solo lo voy a probar este mes. No soy una tienda«.

Esto es lo que dice Wallapop

Independientemente de si se utiliza para recuperar parte de lo que se invirtió por productos o a modo de negocio, Wallapop se define como un elemento «facilitador» que ha ido adecuando su propia plataforma conforme los usuarios la fueron haciendo más grande. Tras ponernos en contacto con el departamento de prensa de la app para conocer su postura respecto a la gente que está ganando dinero con sus operaciones, la postura fijada rema a favor del negocio siempre y cuando se cumplan sus términos y condiciones de uso.

«En Wallapop aplicamos una serie de reglas estrictas de convivencia que, junto con una lista detallada de productos y servicios que no está permitido comercializar a través de la plataforma, contribuyen a mantener una comunidad agradable para todos los usuarios, tanto si se trata de un negocio como de un particular que quiere darle una segunda vida a un objeto personal. De manera progresiva, los usuarios han ido adaptando la plataforma a usos que no se contemplaron en el momento de su creación y, nuestra obligación, es adecuar los servicios de la aplicación para satisfacer a todos nuestros usuarios de la mejor manera posible.»

Respecto a las obligaciones tributarias de los usuarios, Wallapop lo recuerda en sus condiciones: “Cuando se compromete a comprar un producto está suscribiendo un contrato de compraventa; el usuario deberá tener en cuenta que al adquirir será considerado sujeto pasivo del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, obligándose a mantener a Wallapop totalmente indemne en caso de no dar cumplimiento a dicha obligación”.

Los usuarios, por su parte, al tratarse entre particulares y productos de segunda mano, omiten por lo general realizar cualquier tipo de factura («yo no las he declarado principalmente porque no he obtenido un beneficio económico», nos comenta Carlos). Sin embargo, preguntados Laura y el propio Carlos por la venta de vehículos que realizaron a través de la plataforma, sí confirman haberlo hecho «legal» con la ayuda de sendas asesorías que ayudaron a la transacción. «Se hizo un contrato», apostilla Laura.

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La noticia

Llevo cuatro años vendiendo en Wallapop: esto es lo que he aprendido y así he conseguido recuperar 5.000 euros

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Víctor Sebastián

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